La antorcha olímpica chorreó su sangre en Buenos AiresImagino a los dictadores de Pekín observando enormemente satisfechos las imágenes de Buenos Aires: ¡qué contraste con el feo espectáculo de París, de Londres, de San Francisco! ¡Qué bien se portaron esos argentinos! Es que Buenos Aires dio aire a la asediada antorcha sangrienta de Pekín, después de las palizas mediáticas de las tres ciudades anteriores. Entonces, ya no habló más el COI, aunque fuese tímidamente, de la situación de los derechos humanos en China. Por algo el deporte es la actividad favorita de las dictaduras y los totalitarismos: por esta abrumadora capacidad anestesiante y emboludecedora que sólo él tiene.
Pablo Díaz de Brito