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Carta desde Birmania: Vaclav Havel
6 de febrero de 2012
Un intelecto superior no sustituye un corazón generoso y eso es lo que más aprecio de Vaclav Havel. Él fue un raro disidente, quien no olvidó a sus compañeros disidentes en partes remotas del mundo, incluso después de convertirse en Jefe de Estado de su propio país. Su corazón no fue sólo generoso sino lleno de luz, expresando su solidaridad con la gente común en todas partes de la forma más simple.
Por Aung San Suu Kyi

Cuando decidí que la primera carta desde Birmania de 2012 debía ser acerca del difunto Vaclav Havel, me pregunté cómo debía titular el artículo. Mis pensamientos fueron inmediatamente al pequeño corazón rojo que generalmente dibujaba como parte de su firma. ¿Quizás debía escribir acerca de él como "El Presidente de corazón" o "El Líder de corazón" o "El Disidente con un corazón" o "El Intelectual con corazón"? Al final  decidí que el nombre Vaclav Havel solo, era más poderoso y significativo que algún título extravagante que podría pensar.

Fue durante el primer año de mi arresto domiciliario, en 1989, que el nombre Vaclav Havel se hizo familiar para mí. La Revolución de Terciopelo, el Foro Cívico y la victoria electoral que convirtió al disidente más importante de Checoslovaquia en el primer Presidente de la reciente república democrática: he aprendido sobre ella desde mi radio portátil y compartido en la euforia de la transformación  política en aquella tierra lejana. Sin embargo, no me di cuenta en ese momento que Vaclav Havel se convertiría en un amigo personal. 

Es un poco extraño hablar sobre un hombre que nunca conocí y a quien  apenas había  escrito como amigo personal. Fue su personalidad vigorosa y cálida, y su compromiso total con el apoyo a los movimientos por la democracia y derechos humanos del mundo que hizo que su amistad sea real y vibrante y me hizo sentir que estábamos conectados el uno al otro por estrechos lazos de entendimiento. Él me nominó para el Premio Nobel de la Paz en 1991 porque creía que esto iba a ayudar a centrar la atención internacional en nuestra lucha. Permitió poner su nombre como candidato ese año, estoy convencida, él habría sido el laureado ganador. Seguramente él valoraba el Premio Nobel de la Paz, por lo que no habría querido dar a la causa por la democracia y derechos humanos algo que no tenía valor para él. Pero era una cuestión de caballerosidad: "su necesidad es mayor que la mía".

Cuando a mi familia se le permitió visitarme en 1992, mi esposo me trajo una copia de "El poder de los sin poder". Revisé rápidamente las páginas de este gastado y muy usado libro, y releí algunas de las frases subrayadas allí: "… un examen del potencial del 'sin poder' - solo puede comenzar con el examen de la naturaleza del poder en las circunstancias en las que esa persona sin poder opera..."; "… la libertad es indivisible..."; "…no defender la libertad de otros, independientemente de sus medios de creatividad o de su actitud ante la vida, significaría entregar la libertad de uno mismo..."; "Un mejor sistema no creará inmediatamente una mejor vida. De hecho sucede lo opuesto: sólo creando una mejor vida, se podrá desarrollar un mejor sistema...". Ideas que parecen ser todavía sencillas, son algo básico para las aspiraciones humanas sólo cuando están formuladas con claridad por una mente brillante.

Un intelecto superior no sustituye un corazón generoso y eso es lo que más aprecio de Vaclav Havel. El fue un raro disidente, quien no olvidó a sus compañeros disidentes en partes remotas del mundo, incluso después de convertirse en Jefe de Estado de su propio país. Su corazón no fue sólo generoso sino lleno de luz, expresando su solidaridad con la gente común en todas partes de la forma más simple. En su obra "To the Castle and Back" comienza con estas palabras: "He huido. He huido a América. He huido por dos meses con toda mi familia; esto es, con Dasa y nuestros dos boxers, Sugar y su hija Madlenka". La declaración alegre de vuelo y el lugar (justo en el corazón de la familia) que da a sus perros me llevó a través de kilómetros  y años  en el cálido círculo de su familia. ¿Cómo un hombre tan lejos de lo ordinario puede conservar el toque común?

Vaclav Havel me habló una vez por teléfono, hace un año. Él ya estaba  para entonces mal de salud y su voz era débil pero logró transmitir su alegría por mi liberación del arresto domiciliario y su preocupación por todos nosotros quienes estábamos todavía tan lejos de nuestro objetivo democrático. Incluso en su enfermedad final no nos olvidó. La última carta que me escribió fue entregada en mis manos unos pocos días después de su muerte por uno de sus viejos amigos, Ms Sasakawa Yohei. 

"Querida amiga", comenzaba la carta, "a través de los años te he enviado varias cartas invitándote a asistir a varias conferencias mundiales y otros eventos que he organizado. Lo hice siendo perfectamente consciente que las posibilidades que asistieras eran inexistentes pero aun lo hice por principios y para recordar a las autoridades que confiscaron mis cartas para ti, que constantemente pensamos en ti y te apoyamos". El espíritu con el cual el encabezó la causa de los oprimidos se ha mantenido intacta. Su interés en nuestra lucha, también, se ha mantenido fuerte: "Querida amiga, estoy siguiendo los recientes acontecimientos en tu país con un muy, muy prudente optimismo". Termina su carta con una práctica y modesta nota: "… si hay algo que podamos hacer para ayudar -- por ejemplo-- y sólo si tu lo deseas-- a compartir un poco de nuestras experiencias transformacionales contigo, con mucho gusto lo haremos".

Sentiré la ausencia de mi amigo mientras continuamos el camino por el que él caminó antes que nosotros.

Aung San Suu Kyi obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 1991. Reconocida como prisionera de conciencia por Amnistía Internacional, pasó 15 de los últimos 21 años encarcelada o privada de libertad, bien en prisión, bien en arresto domiciliario. Fue finalmente liberada el 13 de noviembre de 2010.

 

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