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La triple discriminación contra las Damas de Blanco
9 de marzo de 2017
(Cubaencuentro) En el caso de las Damas de Blanco, se le aplican tres tipos de discriminación. La discriminación racial, la discriminación contra la mujer y la discriminación política. Al silencio estatal y partidario sobre esta violencia estatal se suman los silencios de los periodistas oficialistas, la blogosfera oficialista, y los activistas contra la discriminación racial y contra la discriminación de género.
Por Marlene Azor Hernández

(Cubaencuentro) El Gobierno de Cuba entrega un informe a la ONU como Estado parte de la Convención Internacional contra Todas las formas de discriminación racial que se hace público el 9 de septiembre de 2016. Con retraso de tres años, —debió presentarse en 2013—, el informe oculta la problemática de la represión y de la discriminación racial en la Isla[1].

En el informe, el Gobierno niega que existan casos de discriminación racial en Cuba, ya que los organismos estatales no han recibido la denuncia de ningún caso. Se niega a crear o permitir crear una Comisión Nacional de Derechos Humanos independiente del Estado para monitorear la discriminación racial en el país. Considera que el Estado es suficiente con sus organismos para hacer cumplir la prohibición por ley, de la discriminación racial.

¿Qué pasa entonces con la violencia estatal contra las Damas de Blanco? Los arrestos arbitrarios, las golpizas, las intimidaciones a ellas y a sus familias, los allanamientos de morada y la lapidación moral ejercida por los medios oficiales del Estado-Partido contra las Damas de Blanco quedan ocultos e impunes ante la ONU y ante la opinión pública nacional. El gobierno cubano decide que esa realidad no existe y esa es la grave consecuencia de no permitir un Órgano Nacional Independiente que monitoree los abusos de la policía nacional y los órganos de la seguridad del Estado contra todos los ciudadanos y ciudadanas. Al ser la violencia una política de Estado, las autoridades actúan con total impunidad. Por eso en el informe del Gobierno, no aparece ningún caso de discriminación racial.

En marzo de 2015, en un programa televisado de la Mesa Redonda[2], el presidente de la Comisión Aponte de la UNEAC, comentó que había sido un pedido al vicepresidente Díaz Canel, la creación de un Observatorio nacional contra la discriminación racial para que la población pudiera acceder y hacer las denuncias. La respuesta del viceministro fue negativa. La respuesta en el informe de septiembre de 2016 sigue siendo negativa.

El Gobierno se niega a monitorear y hacer justiciable los casos múltiples de discriminación racial en la Isla. Si existe alguno, según el Gobierno, esto se debe a rezagos culturales del pasado y por lo tanto su política se dirige a la educación.

En el caso de las Damas de Blanco, se le aplican tres tipos de discriminación. La discriminación racial, la discriminación contra la mujer y la discriminación política. Al silencio estatal y partidario sobre esta violencia estatal se suman los silencios de los periodistas oficialistas, la blogosfera oficialista, y los activistas contra la discriminación racial y contra la discriminación de género. Para estos últimos, tampoco las Damas de Blanco existen. Los y las académicas cubanas residentes en Cuba, tampoco hablan del tema. Las Damas de Blanco no existen, y por lo tanto no son en su mayoría afrocubanas, mujeres, ni manifiestan pacíficamente cada domingo para ir a misa. Este escandaloso silencio sólo es denunciado por los periodistas independientes cubanos, las organizaciones de Derechos Humanos internacionales y las organizaciones independientes como el CIR, Comité cubano por la Integración Racial.

Revistas de debates intelectuales como Temas y Cuba posible también discriminan a las Damas de Blanco: No existen.

Dice el Gobierno, en el referido informe, que no hay diferencias entre los ocupados blancos y afrocubanos en las empresas de capital mixto o extranjero. Basta entrar a todos los hoteles en Cuba y por pura observación detectar que los afrocubanos son los porteros, cocineros o asistentes de cocina, los auxiliares de limpieza y los parqueadores.

Muy raro es encontrar algún afrocubano en las recepciones de los hoteles y mucho más raro que sean afrocubanos los gerentes del hotel por la parte cubana. No es un asunto de nivel profesional. Parqueadores en los hoteles son también ingenieros de profesión. El conglomerado GAESA es el responsable de esta sobrerrepresentación blanca en los puestos de mayor remuneración, por ser el conglomerado que controla y decide sobre el turismo en Cuba. Pero parece que el Gobierno no controla a GAESA, que es un monopolio paralelo que no rinde cuentas en el Parlamento ni es auditado por la Contraloría de la República. Sin embargo, como monopolio estatal, aunque sea de manera discrecional, es responsable también de las políticas discriminatorias raciales.

Nada se dice en el informe sobre la discriminación racial en el cuentapropismo emergente. Conozco de casos que han sido rechazados en su ingreso a restaurantes de esta modalidad, por no tener capacidad y seguidamente entrar blancos que tampoco tenían reservación. Es decir, la discriminación no es sólo en los puestos de trabajo, sino además, hacia los clientes. No es un problema de estar bien o mal vestidos, es un problema del color de la piel.

La sobrerrepresentación penal de afrocubanos es un “rezago del pasado” y la sobrerrepresentación de los afrocubanos en los barrios más pobres del país, es también un “rezago del pasado”. El Gobierno cubano, 60 años después de instalado en el poder dice que el problema es “heredado” y “cultural” y se muestra incompetente para realizar acciones de políticas positivas para equilibrar este desbalance.

La ausencia de la sociedad civil independiente en las consultas para elaborar los Informes a la ONU —algo que se le señala reiteradamente al Gobierno de Cuba por parte de los Comités de la ONU—, hace que los informes del gobierno sean triunfalistas en temas que demuestran graves violaciones a los Derechos Humanos en general. En particular, este Informe sobre la discriminación racial describe una sociedad ideal que sólo está en la mente de los burócratas encargados de “inflar los globos” sistemáticos del gobierno cubano ante la ONU. Sin contrapartida ciudadana, el Gobierno se siente impune ocultando la represión y edulcorando el estado de la discriminación racial en Cuba.

Fuente: Cubaencuentro.com (España)


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