Comunicados
 
CADAL reclama el repudio oficial a los actos de violencia política
20 de marzo de 2004
CADAL es una Fundación que persigue fines pacíficos y, por ende, utiliza medios pacíficos para el cumplimiento de su misión. Contrariamente, los grupúsculos políticos que promueven formas de gobierno represivas de las libertades individuales, utilizan los medios violentos que son acordes a sus fines.
 

CADAL es una Fundación que persigue fines pacíficos y, por ende, utiliza medios pacíficos para el cumplimiento de su misión. Contrariamente, los grupúsculos políticos que promueven formas de gobierno represivas de las libertades individuales, utilizan los medios violentos que son acordes a sus fines. Esto quedó claro el pasado día jueves 18 de marzo, cuando CADAL, conjuntamente con la Fundación Konrad Adenauer, organizaron una Conferencia de solidaridad internacional con los demócratas cubanos que fueron encarcelados hace un año por la dictadura castrista. En la puerta del hotel donde se desarrolló la conferencia se reunieron varias agrupaciones procastristas para practicar un "escrache", es decir, un método de violencia política muy utilizado por los nacionalsocialistas en la Alemania de Hitler y los fascistas en la Italia de Mussolini y que el gobierno cubano de Fidel Castro practica contra sus opositores políticos con el nombre de "mitín de repudio". No conformes estos pequeños grupos con "escrachar" en la puerta del hotel, ingresaron a algunos de sus miembros al salón donde se desarrollaba tranquilamente la conferencia para provocar a los expositores y al resto de los asistentes. Pero la búsqueda de violencia de estas organizaciones declaradamente anti-democráticas -algunas de las cuales dicen actuar curiosamente por la "Paz Mundial"- se concretó cuando agredieron cobardemente al economista Roberto Alemann, quien justo transitaba por la calle del lugar de realización del evento.

Reclamamos al Poder Ejecutivo Nacional que condene oficialmente estas agresiones y que garantice a todos los habitantes de nuestro país el ejercicio de las libertades consagradas en la Constitución Nacional, como el de reunirse y expresarse libremente, sin ser víctimas de la violencia que estos grupos antidemocráticos ejercen impunemente. Es insólito que en un país democrático como la Argentina, cuyo gobierno dice tener como bandera la defensa de los derechos humanos, se permita que simpatizantes fanáticos de una dictadura utilicen aquí la misma violencia a la que recurre contra sus ciudadanos el régimen que ellos defienden.

Gabriel Salvia
Director General