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Premio a la Diplomacia Comprometida en Cuba

En el marco del Proyecto Puente Democrático, el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL) organiza el Premio a la Diplomacia Comprometida en Cuba con el objetivo de destacar la tarea solidaria con los derechos humanos por parte de diplomáticos extranjeros en la isla.

CADAL recuerda la importancia que tuvieron los gestos de solidaridad internacional por parte de gobiernos y funcionarios extranjeros durante las dictaduras militares del Cono Sur. Por ello desea destacar la labor de diplomáticos extranjeros en Cuba, reconociendo a aquellos que durante su misión se hayan caracterizado por brindar muestras de solidaridad hacia los demócratas en la isla y por realizar acciones comprometidas frente a las violaciones de los derechos humanos en ese país.

Para el otorgamiento de este Premio, consistente en una plaqueta, CADAL consulta a más de un centenar de personas, entre referentes de la oposición democrática en Cuba, familiares de presos de conciencia, diplomáticos y corresponsales extranjeros en la isla, quienes brindan los nombres de los diplomáticos extranjeros que consideran merecedores de esta distinción y que por razones obvias ya hayan cesado en sus funciones en La Habana.

Para la selección de los premiados se tiene en cuenta tanto la cantidad votos que recibió cada diplomático como la diversidad de nominaciones entre diferentes fuentes consultadas.

- Premio a la Diplomacia Comprometida en Cuba, 2003-2008

- Diplomacia comprometida en Cuba (Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina)

- Diplomacia comprometida con los Derechos Humanos

La descripción del trabajo de un diplomático no incluye entre sus tareas la de preocuparse por la suerte de ciudadanos de otros países o por hechos en general que no impliquen a su país. Estrictamente hablando, es un agente de un Estado cuya misión es representar al país y hacer avanzar sus intereses.

De hecho, existen teorías enteras basadas en la idea de que, por diversas razones, los gobiernos no deben juzgar el sistema político de otros países. América Latina tiene el dudoso honor de tener su propia versión de este principio, más específicamente en el caso de la llamada doctrina Estrada. Esta última toma su nombre del Canciller mexicano Genaro Estrada, quien dirigió la diplomacia de su país a principios de los años 30.

Estrada ordenó a sus diplomáticos lo que hoy proponen todas las dictaduras del mundo: que tratar a un gobierno en base a su sistema político es una interferencia en sus asuntos internos. Más allá de los numerosos defectos prácticos que ha originado esta doctrina, la misma parte de dos errores teóricos muy básicos.

El primero es que al sostener que otros sistemas de gobierno tienen el mismo valor y legitimidad diplomáticos que el del país originador de la política, lo que se sugiere es que la democracia no es el único sistema legítimo de gobierno. En otras palabras, tiene tanto mérito un Presidente electo libremente como uno resultante de un golpe de Estado o elecciones fraudulentas. Esto constituye un sabotaje directo a la legitimidad de la democracia en el propio país que la propone.

El segundo consiste en eliminar de la ecuación a los ciudadanos del otro país. Según la doctrina Estrada, las relaciones deben enfocarse estrictamente entre los agentes de los gobiernos, independientemente de cómo hayan accedido estos al poder. Así, se ignora cualquier consideración sobre el origen democrático del poder político en un país, y por lo tanto del respeto por los derechos -reconocidos universalmente- de sus ciudadanos. Difícilmente esto constituya una premisa razonable para las buenas relaciones entre dos sociedades.

Lo que se suele denominar diplomacia comprometida se encuentra en la frontera entre dos campos compatibles pero de naturaleza distinta. Por un lado se encuentra la diplomacia como función estatal. Es una actividad remunerada, subordinada y delimitada milimétricamente. De hecho, es una de las tareas más cubiertas de protocolos y legalismos. Se encuentra rodeada de sensibilidades y precauciones diseñadas para minimizar la posibilidad de desacuerdos y conflictos, y a su vez maximizar acuerdos, cortesías y cumplidos.

Del otro lado se encuentra el campo filosófico, del cual nace la idea de los derechos humanos. Aunque esta también se ha apoyado en instrumentos legales -como las distintas constituciones liberales o la Declaración Universal que la codificó-, en general no se ha adoptado bien al mundo de las leyes. La razón es que el laberíntico mundo de los tratados, las soberanías y las fronteras ha servido en demasiadas ocasiones para impedir acciones en defensa de esos derechos. Es precisamente esa barrera a la acción la que debe superar la diplomacia comprometida. Muchas veces, el compromiso con la defensa de los derechos humanos va más allá de las responsabilidades y facultades reducidas que otorga el derecho diplomático.

El filósofo estadounidense John Rawls desarrolló algunas de estas ideas, no referidas específicamente a la diplomacia sino a la política internacional. En "The Law of Peoples", Rawls establece los principios generales que deben ser aceptados en las sociedades liberales y no liberales, decentes y no, para relacionarse. En este sentido entonces, se realiza una distinción entre los derechos humanos básicos y los derechos de los ciudadanos en una democracia liberal constitucional. La defensa de los derechos humanos es vista como un deber de la política exterior de cada Estado. Se debaten los fundamentos morales que deberían regir la prestación de ayuda a determinadas sociedades no liberales sometidas a condiciones desfavorables. En este contexto, se intenta establecer el deber moral de la diplomacia para ayudar en estos casos.

Antecedentes en el Cono Sur

Harald Edelstam fue un diplomático sueco que ya tenía una reputación muy positiva en el área de la protección de los derechos humanos, tras su paso por Alemania durante la Segunda Guerra Mundial y Guatemala durante los 1950s. En 1973, cuando las Fuerzas Armadas de Chile lideradas por Augusto Pinochet lanzan un violento golpe de Estado, Edelstam se encontraba al frente de la embajada de su país en Santiago. En esos momentos críticos, Edelstam fue decisivo para rescatar vidas de civiles desarmados.

Al día de hoy, existe en Chile la Fundación Harald Edelstam, que busca "destacar y galardonar con un premio -el 'Premio Edelstam'- a personas que en su oficio de representantes de gobiernos (…) hayan mostrado coraje en la ejecución de actos humanitarios no convencionales para salvar personas que sufren represión (...) en contra del derecho internacional y los derechos humanos".

Enrico Calamai (Cónsul Italiano en Argentina), en 1976 ayudó a cientos de perseguidos políticos a huir de la represión de la dictadura militar argentina. Sufrió las consecuencias de crear "problemas" entre su gobierno y el militar argentino, y se vio aislado dentro de la estructura diplomática y en su carrera.

"Tex" Harris, Encargado Político de la embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires, realizó 13.500 denuncias de desapariciones y violaciones a los derechos humanos durante la dictadura argentina. Lo hacía basándose en n testimonios de familiares a los que recibía en su oficina. Como lo documentan los National Security Archives, un proyecto de difusión de información desclasificada instalado en Washington, Harris informó cuidadosamente a sus superiores de lo que ocurría en Argentina, con detalles de la estructura y los nombres de los militares involucrados. Harris también asistía a las rondas de las Madres de Plaza de Mayo. Fue condecorado por el gobierno de Néstor Kirchner.

- Política Exterior y Derechos Humanos: La Diplomacia Comprometida

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