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Sindicatos de prensa indiferentes con sus colegas nicaragüenses
25 de junio de 2018
El ninguneo de las entidades gremiales para con sus colegas nicaragüenses es fácilmente constatable con un clic. Puede verificarse en los sitios web de la Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (Fepalc), o de varios sindicatos de prensa.
Hugo Machín Fajardo
@MachinFajardo
 

Federaciones y varios sindicatos de periodistas latinoamericanos no se solidarizan con los periodistas nicaragüenses en momentos en que estos deben desempeñar su labor con riesgo de vida, como quedó en evidencia con el asesinato del colega Ángel Gahnoa el 21 de abril, luego de recibir un impacto de bala mientras realizaba una transmisión en vivo de una manifestación en la ciudad de Bluefields.

Cuando ejecutaron a Gahnoa ya sumaban 27 los muertos por la represión de Daniel Ortega. Hoy, en Nicaragua, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), llegan a 212 los muertos causados por esa dictadura.

El ninguneo de las entidades gremiales para con sus colegas nicaragüenses es fácilmente constatable con un clic. Puede verificarse en los sitios web de la Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (Fepalc), o de varios sindicatos de prensa, donde se encuentran declaraciones reivindicativas o solidarias con dificultades y riesgos que enfrentan los trabajadores de la prensa en diferentes países latinoamericanos. Riesgos tan graves como los seis periodistas mexicanos asesinados en lo que va de 2018.

Ni la Fatpren, de Argentina; la ANP, de Bolivia; la FENAJ (Brasil); el Colegio de Periodistas de Chile; la Felcoper, de Colombia; la Fenape, de Ecuador; el SNRP, de México; la ANP, de Perú; el SPP de Paraguay; el SNTP de República Dominicana; el SNTP, de Venezuela; ni, para mi vergüenza, la APU, de Uruguay, se dan por enterados de que en Nicaragua hay una dictadura que viola groseramente el derecho a la información, atenta contra la libertad de expresión y agrede a colegas de ese país.

¿Los motivos de esta insolidaridad? Van desde la necrofilia ideológica, hasta la desidia u oportunismo burocrático.

La paradoja es que en cada sitio de los mencionados se diga lo contrario de lo que practican respecto a los colegas nicaragüenses. Para muestra un botón: la Fepalc tiene afiliadas a 18.828 personas en 15 países de América Latina y el Caribe; y su misión, se dice, es defender, proteger, promover a nivel supranacional los derechos sindicales, laborales, sociales y económicos de los trabajadores periodistas al fortalecer el accionar de sus organizaciones, así como garantizar el ejercicio del periodismo y la libertad de expresión (destacado mío).

Hace más de una década que existen denuncias sobre las restricciones sandinistas al trabajo periodístico. En 2008, hubo una movida solidaria internacional en defensa del periodista nicaragüense Carlos F. Chamorro, acosado y amenazado por Ortega. Reclamo que, justo es decirlo, acompañó un reducido número de periodistas uruguayos: Andrés Alsina, Danilo Arbilla, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Julio Scavino, Raúl Zibechi y quien suscribe, así como la publicación feminista Cotidiano Mujer.

En el presente, la peripecia de los periodistas nicaragüenses es de manual: asesinato, agresiones físicas, amenazas, censuras, incendios de emisoras, apagones provocados por el Gobierno para obstaculizar ediciones, robo de material periodístico a fotoperiodistas, redactores y camarógrafos, a manos de paramilitares o de los mismos efectivos policiales.

¿Quizás estas federaciones y sindicatos no tengan los nombres de los colegas agredidos? Colaboro: Julio César López, de Onda Local; un equipo de Confidencial, Carlos Herrera y Néstor Arce, agredidos por miembros de la Juventud Sandinista; el fotoperiodista Alfredo Zúñiga, golpeado violentamente en la cabeza; también fue agredido por miembros de la Juventud Sandinista el reportero gráfico Wilmer López, de La Prensa; el hurto más grave lo sufrió el fotorreportero Uriel Molina, al que le robaron equipos valorados en más de USD 4,000 cuando le vieron su carnet de periodista. El sábado 21 de abril, la colega Ivette Munguía recibió dos patadas de una mujer policía, quien la despojó de su teléfono celular.

También el Gobierno sacó del aire a varios medios de comunicación de TV cable cuando transmitían información sobre las protestas que se viven desde el 18 de abril, como el Canal 100% Noticias, Canal 12, Canal 23 y Canal 51 que pertenece a los Obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN). La emisora Tu Nueva Radio fue incendiada.

Y me detengo en un aspecto de la angustiante situación que padecen varios periodistas nicaragüenses por lo inédito del hecho en el periodismo latinoamericano, y que debería ser difundido por los que pregonan la ética periodística, como La Fundación García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), también omisa en solidarizarse con profesionales de la prensa nicaragüense: 15 colegas que trabajaban en medios periodísticos propiedad de la familia Ortega-Murillo, han renunciado a sus trabajos. Más una adolescente que dirigía un programa televisivo, quien explica su decisión con madurez propia de un adulto consciente.

Los mensajes de cada uno de esos 15 profesionales que prefieren perder el trabajo antes que desinformar a sus conciudadanos, deberían ser puestos en los sitios web y reproducidos en los boletines sindicales de muchos que disertan en talleres de periodismo sobre cómo, cuándo y qué informar.

¿Tampoco merecen ser destacados para una clase sobre responsabilidad profesional en tiempos de fake news? Le colaboro a la gremial que quiera difundirlo: Arnulfo Peralta presentador de TV Noticias de Canal 2; Dino Andino presentador de TV Noticias de Canal 2; Maritza Rivas, de Canal 8; Mario Medrano, presentador de canal 10; Michella Lacayo, presentadora Primera Hora, Canal 2; Eveling Lambert, presentadora de la Revista Mañaneros, Canal 8; Stefanía Alemán, presentadora del noticiero Crónica TV 8, Canal 8; Sandra Ardon, presentadora de Nuestro Hogar, Canal 8; Cindy Bustamante, presentadora Revista Mañaneros de Canal 8, Frida Montes, presentadora de Canal 2; Irazema Sosa, presentador de Revista Mañaneros en Canal 8; Jaime Ibarra, presentador de Churro Aventuras, Canal 8, Francisco Espinoza, corresponsal en Jinotega de Canal ; Mitzle Mejía, presentador del segmento Emprendedores de Canal 8;  Sergio Rodríguez, presentador Primera Hora, Canal 2:

Especial mención para Sofía Castelblanco, de 13 años, presentadora del segmento Aventuras Culinarias, canal 8, “quiero una Nicaragua libre de expresión, opresión, y agresión...donde pueda apostar mi futuro y ser una ciudadana ejemplar…” dijo al renunciar.

Solidaridad es sentir como el otro. ¿Qué parte no se entiende? ¿Lo que significa “sentir”? ¿o la que dice “el otro”?

Destaco que tempranamente hubo sí expresiones de solidaridad provenientes de sindicatos de periodistas de la región centroamericana. La Asociación de Periodistas de El Salvador (APES), la Asociación de Periodistas de Guatemala (APG), el Colegio de Periodistas de Honduras (CPH) y la Asociación de Prensa Hondureña (APH), así como el Colegio de Periodistas de Costa Rica (Colper), quienes condenaron el asesinato de Gahnoa y expresaron además su "profunda preocupación ante la amenaza de coartar el libre ejercicio periodístico e incitar a mayor violencia contra la prensa”

También varias entidades dedicadas a la defensa de la libertad de expresión como la Red de Intercambio Internacional por la Libertad de Expresión (IFEX); IPyS (Instituto Prensa y Sociedad); el Knight Center for Journalism in the Americas; Reporteros sin Fronteras; Ijnet (Red de periodistas internacionales), ocupando legítimamente el espacio de denuncia que otros han abandonado y siendo solidarios con los colegas nicaragüenses. Incluyo la gremial de empresarios periodísticos, la SIP, que ha reclamado el cese de hostilidades contra la prensa de Nicaragua, como lo ha hecho también la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (Amarc).

Los principales sindicatos periodísticos de Latinoamérica no aprendieron la enseñanza de John Donne y mandan preguntar por quién doblan las campanas, pero las campanas están doblando por ellos.