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Diplomacia comprometida en Cuba
8 de abril de 2009

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Una ONG premió la labor de diplomáticos extranjeros que brindaron muestras de solidaridad a disidentes cubanos

Después de la razia emprendida en 2003 contra la disidencia política, encarnada en periodistas encarcelados y balseros ejecutados, el régimen cubano pagó durante un tiempo las consecuencias: algunos gobiernos europeos aplicaron la llamada diplomacia del canapé. Consistía, básicamente, en invitar a sus fiestas nacionales a los disidentes, de modo de equipararlos con los funcionarios gubernamentales. Esa suerte de represalia irritó a Fidel Castro.

En el Día de la Unidad Alemana, el embajador de este país en Cuba, Hans-Ulrich Lunscken, organizó una recepción oficial para el cuerpo diplomático y las autoridades de la isla y otra, más tarde, para la sociedad civil, a la que fue invitada la disidencia. Ningún funcionario cubano se atrevió a pisar los jardines de la residencia.

Seis años después de la Primavera Negra de Cuba, como se conoció ese período a raíz de la represión contra los opositores, una organización no gubernamental argentina, el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (Cadal), instituyó el Premio a la Diplomacia Comprometida en Cuba. Resultaron acreedores de ese galardón, otorgado en virtud de los votos de la propia disidencia cubana, diplomáticos que prestaron servicios en La Habana y que, mientras tanto, exaltaron los valores democráticos.

Entre ellos, Daniel Gromann, ex encargado de negocios de la embajada de Polonia; Stanislav Kázecky, ex primer secretario de la embajada de la República Checa; Michael Parml y Andrea Brouillette-Rodríguez, de la oficina de intereses de los Estados Unidos; Melanie Hopkins, ex segunda secretaria de la embajada británica, y el ex embajador alemán Lunscken, fallecido el año pasado, entre otros.

El premio en sí apunta a destacar la labor de los diplomáticos extranjeros que se caracterizaron por brindar muestras de solidaridad hacia los disidentes y por coordinar esfuerzos contra la violación de los derechos humanos.

En la reunión realizada por Cadal con este fin se proyectó un video con testimonios de la neurocirujana cubana Hilda Molina, impedida de conocer a sus nietos en Buenos Aires; Laura Pollán, esposa del preso político Héctor Maseda y miembro del grupo de las Damas de Blanco; Ricardo del Pino, del Comité Cubano de Derechos Humanos; el escritor y ex embajador chileno Jorge Edwards, y el embajador argentino en los Estados Unidos, Héctor Timerman.

Este grupo variopinto refleja por sí mismo la importancia de haber instituido este premio, capaz de reconocer la labor silenciosa de un cuerpo como el diplomático, habitualmente reservado en su expresión y discreto en su proceder. Sería bueno que otras organizaciones, así como el gobierno nacional, tomaran nota de la necesidad de enderezar el discurso cuando de derechos humanos se trata. Allí donde una o mil personas reclaman libertad, vedada por un régimen no democrático, aquellos que gozan de esa prerrogativa no deben inhibirse en alzar la voz para acompañar a quienes se ven impedidos de hacerlo.

No hay dictaduras de derecha o de izquierda, buenas o malas. Las dictaduras siempre son malas. Es cuestión de ejercitar un poco la memoria y darse cuenta de que nosotros mismos, en la situación de un pueblo que no encuentra más salida que un mar plagado de tiburones, también pediríamos ayuda. Y, desde luego, esperaríamos recibir gestos solidarios de aquellos que superaron el mal trance de vivir bajo el yugo del terror.

Fuente: Diario La Nación (Buenos Aires)

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