Comunicados
 
El cabildeo castrista y la incoherencia de algunos legisladores argentinos, no tienen límites
21 de mayo de 2004
Los legisladores nacionales pueden ocuparse de lo que consideran un abuso de un gobierno extranjero, como estaría sucediendo con la situación de los presos en la Base Norteamericana de Guantánamo; pero, al mismo tiempo, no pueden desconocer las violaciones a los derechos humanos por parte del régimen de Fidel Castro que son denunciadas por prestigiosas organizaciones internacionales, como Amnistía Internacional.
 

Los legisladores nacionales pueden ocuparse de lo que consideran un abuso de un gobierno extranjero, como estaría sucediendo con la situación de los presos en la Base Norteamericana de Guantánamo; pero, al mismo tiempo, no pueden desconocer las violaciones a los derechos humanos por parte del régimen de Fidel Castro que son denunciadas por prestigiosas organizaciones internacionales, como Amnistía Internacional.

En este caso, lo más insólito es que los legisladores actúen a pedido de un embajador extranjero, como el cubano, quien paradójicamente se queja de la injerencia de otros gobiernos en su país. Pero ello no es novedad y tampoco algo "gratuito" para algunos legisladores, pues el castrismo despliega un "clientelismo político" que utiliza a través de sus embajadas ofreciendo becas de estudio en Cuba y tratamiento médico "sin cargo" a sus influyentes amigos, a los cuales después les pasa su debida factura. Por eso el embajador cubano en la Argentina recalcó en sus declaraciones, luego de terminado su "cabildeo", que tanto en el Senado como en Diputados su dictadura tiene muchos y buenos amigos. De otra manera, no se puede entender, primero: que concurra oficialmente al Congreso Nacional a cabildear por un proyecto condenando la política exterior de Estados Unidos hacia su gobierno y que la misma resulte aprobada; y, segundo, que esto se apruebe el mismo día que tres disidentes cubanos son juzgados por el "delito" de haber organizado una reunión para hablar sobre la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Insólito.

A su vez, el Senador Nacional Eduardo Menem impulsó un proyecto en la cámara alta planteando que el Senado "vería con agrado que el Poder Ejecutivo se interese por la situación de los detenidos en la base militar de los Estados Unidos de Norteamérica de Guantánamo, en cuanto al respeto a las garantías del debido proceso, el respeto a los derechos humanos y las normas del derecho humanitario". Curiosamente, el Senador Eduardo Menem no se manifestó nunca por las detenciones y largas sentencias a opositores  pacíficos cubanos -incluyendo los que están en la Prisión Chafarina de Guantánamo-, los fusilamientos a tres personas que quisieron escapar de Cuba robando una lancha pero sin herir a nadie, y que en todos los casos los juicios se realizaron sin ningún "respeto a las garantías del debido proceso, el respeto a los derechos humanos y las normas del derecho humanitario".

Preguntas ausentes

· La incoherencia de algunos legisladores nacionales es tal, que ninguno de ellos le recordó al embajador cubano la sociedad de su gobierno con la dictadura militar argentina, a favor de la cual "cabildeaban" para que no fuera condenada en la ONU.

· Los legisladores nacionales tampoco le cuestionaron al embajador cubano que la Cruz Roja Internacional no puede visitar las cárceles de su país, aunque sí ingresaron e informaron sobre la Base Norteamericana de Guantánamo.

· Obviamente, a los diputados y senadores argentinos defensores de la autodeterminación y la libertad de los pueblos, tampoco se les ocurrió preguntarle al embajador cubano por qué la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba no convoca al referéndum conocido como "Proyecto Varela", luego de reunidas veinticinco mil firmas, cuando solamente necesitaban diez mil según la Constitución Socialista, y por qué varios de los promotores de esta iniciativa fueron enjuiciados y condenados.

· Como legisladores, tampoco aprovecharon la ocasión para preguntarle por qué unilateralmente el presidente de la Asamblea cubana suspendió una reunión de la Comisión de Derechos Humanos del Parlatino que había sido convocada en La Habana, en cuya oportunidad los parlamentarios de distintos países se iban a reunir con referentes opositores del movimiento cívico cubano. 

· Tampoco le preguntaron si su condena a las medidas de la política exterior de Estados Unidos hacia Cuba, que restringen el comercio y el tránsito de los habitantes norteamericanos a la isla, es porque el régimen de Castro desea tener libre comercio con Norteamérica o quizás por algo más personal: porque su salario de embajador está fijado en dólares y no en pesos cubanos, con lo cual una merma de ingresos a la isla afectaría su calidad de vida capitalista en la Argentina.

Este insólito cabildeo del embajador de la dictadura castrista en Argentina es, por un lado, una muestra más del poder de influencia de un partido represivo que maneja un estado desde hace 45 años y que ha sido muy eficaz en llevar a la realidad las novelas de George Orwell. Por otro lado, es una señal de que para muchos legisladores nacionales 20 años de democracia no han sido suficientes como para valorar el pluralismo político y solidarizarse con aquellos que, en otros países, no pueden ejercer los derechos humanos vigentes en Argentina.    

 

Gabriel Salvia
Director General
CADAL

 
 
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