Comunicados
 
Memorándum de San José
29 de noviembre de 2004
Mensaje enviado a los Jefes de Estado y de Gobierno reunidos en la XIV Cumbre Iberoamericana en San José de Costa Rica, noviembre de 2004
 

Mensaje enviado a los Jefes de Estado y de Gobierno reunidos en la XIV Cumbre Iberoamericana en San José de Costa Rica, noviembre de 2004

16 de noviembre de 2004

En Praga, durante una importante reunión convocada hace apenas dos meses por el ex presidente Vaclav Havel a nombre del Comité Internacional por la Democracia en Cuba, y a la que acudieron respetados líderes políticos de diversas partes del mundo[1], se acordó luchar por medios pacíficos y legales en el frente diplomático hasta conseguir el establecimiento en la Isla de un régimen político que respete las libertades y los derechos humanos. Cuba no debe seguir siendo la anacrónica excepción totalitaria en Occidente, especialmente cuando se advierte que ya hace quince años que cayó el Muro de Berlín y con él, poco después, todas las tiranías calcadas del modelo soviético.
 
Como consecuencia de ese compromiso asumido en Praga, posteriormente la Internacional Demócrata de Centro, presidida por el ex presidente español José María Aznar, organizó en Roma un seminario encaminado a examinar la realidad cubana y las posibles vías hacia la transición pacífica.
 
Ahora llegó el momento de actuar en América Latina. La XIV Cumbre Iberoamericana está a punto de comenzar en San José de Costa Rica. Entre los participantes, como siempre, habrá un representante de la dictadura cubana. En realidad, estas Cumbres anuales constituyen el único escenario internacional de naciones vinculadas a nuestra cultura en el que no se excluye al gobierno de Castro como consecuencia de la falta de libertades que padecen los cubanos.
 
En efecto, la Declaración de Asunción de 1997[2], en lo concerniente al compromiso de sus miembros con democracia y el respeto a los derechos humanos, por un mínimo sentido de la coherencia ética impide que Cuba se incorpore al Grupo de Río. Por otra parte, la Carta Democrática firmada por los países miembros de la OEA el 11 de septiembre de 2001, le cierra a la dictadura cubana su pertenencia a este importante organismo regional.

No obstante, la VI Cumbre Iberoamericana[3] reunida en Viña del Mar, Chile, en noviembre de 1996, trató de corregir esa anomalía proponiendo una formal declaración de adhesión a los principios democráticos y al respeto a los derechos humanos, texto que fue firmado por el presidente Fidel Castro, aunque casi inmeditamente los hechos demostrarían que el gobernante cubano no tenía la menor intención de cumplir lo pactado.

En virtud de estos antecedentes, este Comité Internacional por la Democracia en Cuba, urgido por el recrudecimiento de la represión en Cuba, como se evidenció en la primavera de 2003 con el apresamiento de casi ochenta demócratas de la oposición condenados a penas de hasta 27 años de cárcel por publicar en el extranjero artículos críticos, prestar libros prohibidos o solicitar un referéndum que la ley autoriza,  les pide a los Jefes de Estado y de Gobierno presentes en esta XIV Cumbre Iberoamericana que le exijan al gobierno cubano la inmediata excarcelación de estos prisioneros de conciencia, junto a los otros centenares cuyas injustas condenas han sido denunciadas por organismos como el Comité Interamericano de Derechos Humanos vinculado a la OEA. Se insta, además, a los mandatarios reunidos en San José a que demanden del gobierno cubano el fin de los crueles maltratos a que someten a los presos políticos una vez que se encuentran internados en las cárceles de ese país.

Por otra parte, alentamos a las representaciones de los gobiernos iberoamericanos radicados en Cuba a que reciban dignamente a los demócratas de la oposición en las sedes diplomáticas acreditadas en La Habana, tal y como la Unión Europea ordenó a sus embajadas en la Isla. Para los disidentes que luchan por conquistar las libertades -como saben las víctimas del comunismo europeo, o como descubrieron los antifranquistas en su momento-, ese tipo de solidaridad es muy importante para mantener en alto la moral de la resistencia frente a la opresión, y constituye una fuente valiosa de legitimidad frente a un régimen que se niega a admitir el derecho de la sociedad a la pluralidad o a la divergencia de criterio.

Tras casi 46 años de represión -la más larga tiranía personal que registra de la historia- Cuba constituye una penosa excepción que preocupa grandemente a la comunidad internacional y que debe ser corregida con la ayuda de todos, y muy especialmente con la de los países de su propia estirpe cultural.

Dentro y fuera de la Isla, los demócratas de la oposición -como sucediera en Europa tras la caída del Muro de Berlín- están dispuestos a buscar fórmulas flexibles que propicien un cambio pacífico hacia la democracia y la libertad, sin venganzas ni represalias, pero para lograr ese objetivo es fundamental que la comunidad internacional se coloque decididamente junto a las víctimas y frente al victimario.

Coordinar esas muestras de solidaridad es, precisamente, la tarea del Comité Internacional por la Democracia en Cuba.

Ex Presidentes

Luis Alberto Monge (Costa Rica)
Luis Alberto Lacalle (Uruguay)
Armando Calderón Sol (El Salvador)

Parlamentarios

Jan Ruml (República Checa)
Petr Bratsky (República Checa)
Jaime Trobo (Uruguay)
Gabriel Llano (Argentina)
Álvaro Dubón (Parlamento Centroamericano)

Organizaciones cubanas e internacionales

María del Milagro Méndez (Comité Costarricense de Solidaridad con la Democracia en Cuba)
Julio Hernández (Movimiento Cristiano de Liberación)
Nicolás Ampuero (Partido Socialdemócrata de Cuba)
Carlos Alberto Montaner (Unión Liberal Cubana)
Tomás Rodríguez (Agenda Cuba)
Israel Abreu (Movimiento 30 de Noviembre)
Orlando Gutiérrez (Directorio Democrático Cubano)
Hipólito Ramírez (Juventud Patriótica Dominicana)
Carlos González (People in Need)
Gabriel Salvia (CADAL)

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[1] Entre ellos, los ex presidentes latinoamericanos Luis Alberto Lacalle, Patricio Alwyn y Luis Alberto Monge. También el ex presidente del gobierno español José María Aznar, la ex Primera Ministra del Canadá Kim Cambell y el Primer Ministro de Bulgaria Phillip Dimitrov. Asimismo, los diputados Jaime Trobo (Uruguay), Patricio Walker (Chile), Francisco Landero (México), Gabriel Llano (Argentina), José Ignacio Salafranca (España), Cecilia Malmstrom (Suecia), Petr Bratsky (República Checa), Jan Ruml (VP del Senado, re’ublica Checa), Exequiel Silva (Chile), Álvaro Dubón (Parlamento Centroamericano), et al. 

[2] Fragmentos de la Declaración de Asunción, 24 de agosto de 1997:

1. Los Jefes de Estado y de Gobierno del Grupo de Río hemos llevado a cabo un profundo intercambio de puntos de vista sobre la necesidad de preservar y fortalecer la democracia representativa, cuyo valor es compartido por todos sus integrantes y su ejercicio efectivo constituye una obligación para sus Estados Miembros .

2. Estamos convencidos que la democracia representativa es el fundamento de la legitimidad de los sistemas políticos, y condición indispensable para la paz, la estabilidad y el desarrollo de la región, así como para el proceso de integración hemisférica en que se encuentran comprometidos nuestros países.

4. Reiteramos que la promoción y la observancia de los valores éticos y el respeto de los derechos humanos son el fundamento y razón de ser de la legitimidad de los sistemas políticos, y que sólo la democracia garantiza efectivamente su vigencia.

5. Reafirmamos que toda agresión a la democracia de un país de la Región constituye un atentado contra los principios que fundamentan la solidaridad de los Estados americanos.

6. Por ello, en la búsqueda de la preservación de la democracia representativa y la plena vigencia de las instituciones, acordamos que, en caso de producirse, en cualquiera de los países miembros del Grupo de Río, hechos que alteren el Estado de Derecho o impliquen una ruptura del orden constitucional, la Secretaría Pro Tempore convocará a una reunión de Ministros de Relaciones Exteriores para examinar la situación.

[3] Fragmentos de la Declaración de Viña del Mar:

2. Reafirmamos nuestro compromiso con la democracia, el estado de derecho y el pluralismo político, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales, el imperio del Derecho Internacional y de los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y, en especial, los principios de soberanía, de no intervención y de igualdad jurídica de los Estados, así como el derecho de cada pueblo a construir libremente, en paz, estabilidad y justicia, su sistema político y sus instituciones. Este conjunto de compromisos y de principios, que se sustenta en el acervo cultural e histórico que compartimos y que nos ha llevado a constituir la Conferencia Iberoamericana, es la base fundamental y el marco conceptual que orienta nuestra reflexión, decisiones y objetivos que nos hemos trazado en relación con el tema de la gobernabilidad para una democracia eficiente y participativa.

4. En Iberoamérica existe la convicción de que la independencia de poderes, su mutuo control, la adecuada representación y participación de mayorías y minorías, las libertades de expresión, asociación y reunión, el pleno acceso a la información, las elecciones libres, periódicas y transparentes de los gobernantes, constituyen elementos esenciales de la democracia. Hoy somos más conscientes que la consolidación de la democracia es una tarea permanente en que cada pueblo, de acuerdo con su tradición política, debe avanzar resueltamente.

 

 
 
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