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República Centroafricana: ¿Qué hay detrás del conflicto interreligioso?
11 de enero de 2018
El conflicto de la República Centroafricana debe ser entendido a la luz de una sociedad empobrecida, atravesada por diferentes clivajes, y por un Estado que ha sido utilizado como medio para el enriquecimiento de los gobernantes, excluyendo a aquellos grupos ajenos al poder.
Facundo González Sembla
 

A lo largo de los últimos cuatro años la República Centroafricana ha sido asolada por una ola de violencia e inestabilidad política que causó una seria crisis humanitaria y, de acuerdo al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, acumuló en 2017 unos 545.497 refugiados en países vecinos, y 601.642 desplazados internos. Dicha crisis estalló en marzo de 2013, cuando la Seleka, una coalición  rebelde surgida en el norte del país, ocupó la capital, Bangui, y derrocó al presidente François Bozizé, quién fue reemplazado por Michael Djotodia, líder de los rebeldes.

Sin embargo el nuevo régimen tuvo corta vida, ya que Djotodia no tardó en ser desplazado, y la Seleka inició una ola de terror y saqueo que atravesó todo el país, y que derivó en la formación de grupos de autodefensa, la Anti-balaka. Así las cosas, el conflicto cobró la forma de un enfrentamiento entre ambos grupos, el cual, por estar la Seleka compuesta mayoritariamente por musulmanes, y la Anti-balaka por cristianos, fue engañosamente interpretado como un nuevo caso de guerra religiosa en África.

A pesar de que la violencia interreligiosa resulta innegable, no por ello se debe asumir que la rebelión de la Seleka en 2013 fue motivada por las animosidades entre cristianos y musulmanes. Por el contrario, el conflicto de la República Centroafricana debe ser entendido a la luz de una sociedad empobrecida, atravesada por diferentes clivajes, y por un Estado que ha sido utilizado como medio para el enriquecimiento de los gobernantes, excluyendo a aquellos grupos ajenos al poder.

En este país del corazón de África las fracturas religiosas, étnicas, y regionales, están completamente yuxtapuestas. Por un lado, desde hace décadas los gobernantes de la República Centroafricana recurren a la politización de las identidades étnicas, utilizándolas como criterio para participar en la arena política, en la distribución de los despojos del Estado, y en las fuerzas armadas. De esta manera, con el correr de los años la etnia se convirtió en un determinante para la inclusión o exclusión de un grupo en la esfera política y económica del país.

Desde una perspectiva territorial, observamos que la principal fuente de riqueza del país, los diamantes aluviales, se concentra en las cuencas de los ríos Mambere y Lobaye, al sur del mismo. De hecho, fueron los grupos étnicos de esta región meridional, mayoritariamente cristianos, quienes controlaron el poder político y económico de la República Centroafricana desde la descolonización, excluyendo así a la minoría musulmana concentrada en el norte del país, como es el caso de la región de Vakaga, sumida en el aislamiento y la pobreza.

Además de esta inestable interacción de clivajes sociales, es preciso considerar que en este país africano el Estado ha sido utilizado como un instrumento para el enriquecimiento de los gobernantes, la compra de lealtades, la creación de redes de patronazgo, con las ganancias de la explotación de sus recursos naturales. Así, los gobernantes decidían la distribución de prebendas y beneficios en base a criterios étnicos y religiosos.

En este contexto, el gobierno de François Bozizé no fue la excepción a estas prácticas, por lo que comenzó a enfrentar resistencias entre las poblaciones musulmanas del norte del país. Si bien en 2008 se alcanzaron acuerdos entre su gobierno y los rebeldes, su incapacidad, o falta de voluntad para cumplirlos, impulsó a estos rebeldes a constituir la Seleka, y movilizarse para derrocar a su gobierno en 2013. Observamos entonces que la lucha inter-religiosa que caracteriza a la República Centroafricana, hoy en día es más bien una consecuencia, y no la causal originaria de un conflicto que responde a la compleja interacción de las fracturas de la sociedad del país, y al rol que se le ha dado al Estado.

Hoy, a cuatro años de iniciado el conflicto, y a pesar de las elecciones celebradas en 2016, la República Centroafricana continúa siendo asolada por la inestabilidad y violencia armada de grupos insurgentes. El nuevo presidente, Faustin Archange Touadera, ha visto frustrados todos sus intentos por desarmar el país, al tiempo que el 2017 terminó con un total de 14 muertos entre los integrantes de misiones de paz de las Naciones Unidas.

 
 
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