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Guinea Ecuatorial: Cómo funciona un autoritarismo
1ro de marzo de 2018
Año tras año, Obiang sigue avasallando toda noción de Derechos Humanos. Sin ningún tipo de libertad, los ecuatoguineanos están férreamente sometidos a un régimen que les prohíbe elegir el futuro de su nación.
Lorenzo Agüero
@Lorenzoaguero22
 

Año tras año, Teodoro Obiang Nguema sigue avasallando toda noción de Derechos Humanos. Sin ningún tipo de libertad, los ecuatoguineanos están férreamente sometidos a un régimen que les prohíbe elegir el futuro de su nación. 

A poca gente le sorprendió que Obiang obtuviera el 93,7% de los votos, pues en este país las elecciones son una farsa. Sólo son una máscara que trata de darle una supuesta legitimización democrática al gobierno. Pero nada más alejado de la realidad, ya que, en palabras de Freedom House, las votaciones no son libres ni justas. En los 39 años de gobierno de Obiang, nunca se dejó de bloquear sistemáticamente a la oposición para que no haya una igualdad en la contienda electoral.

Como la gran parte de los medios de comunicación son dirigidos por personas muy cercanas a Obiang, los partidos opositores no cuentan con una plataforma para compartir sus propuestas, ni mucho menos para criticar al régimen. Como si fuera poco, los medios independientes practican la autocensura, ya que saben que recibirán represalias si realizan la cobertura de un acto opositor. Ejemplo de esto, tal como afirma Human Rights Watch, es el caso de los periodistas Samuel Obiang y Justo Enzema, arrestados por el simple hecho de asistir a una conferencia de un líder contrario al oficialismo.

La libertad de expresión está tan comprometida en Guinea Ecuatorial que ni siquiera se puede hacer humor político sin ser enviado a la cárcel, como le pasó a Ramón Esono al publicar sus caricaturas. Siempre que se alza una opinión contraria, el régimen responde con detenciones sin cargos y difamaciones sin sustento. Hace más de cinco meses que Ramón se encuentra recluido en una de las prisiones más duras del país, donde las fuerzas de seguridad continuamente lo interrogan en relación con sus dibujos.

Por las serias amenazas a la libertad de reunión, a la oposición se le hace imposible organizar cualquier tipo de acto político. Amnistía Internacional (AI) señala que son numerosos los arrestos por asistir a actos públicos de partidos opositores, como los llevados a cabo por Ciudadanos por la Innovación (CI). En el mejor de los casos, los detenidos recuperan la libertad sin cargos después de semanas en prisión. Pero en el peor, sufren malos tratos y torturas. Cuatro días antes de las últimas elecciones, 140 partidarios de CI fueron arrestados al esperar en el aeropuerto por su líder, Gabriel Nze.

Ciudadanos por la Innovación fue el único partido en toda la oposición que obtuvo un diputado en el congreso. Pero ya no existe más. A raíz de organizar un evento partidario, el partido fue disuelto por la justicia. Asimismo, 34 de sus militantes fueron condenados a 44 años de prisión.

Lo que le garantiza a Obiang una total impunidad es que, al ser el único detentador de poder, no está sujeto a ningún control. La independencia del poder judicial es un simple sueño o, mejor dicho, una fachada para darle un aire republicano al régimen. En la realidad, los jueces no dictan ninguna resolución sobre casos importantes sin consultar con la oficina del presidente.

Pero no es la oposición la única que sufre de la opresión del gobierno. El ministerio de educación resolvió expulsar a todas las niñas embarazadas de las escuelas, con el objeto de reducir los embarazos adolescentes y afirmando que ellas tienen una “influencia negativa sobre las demás”. Marta Colomer, encargada de campañas de AI en África Occidental, sostiene que eso termina por revictimizar a niñas que se encuentran en una situación de por sí muy vulnerable, haciendo que la educación sea un premio y no un derecho. Otra consecuencia lamentable de esta medida es que muchas adolescentes recurren a abortos clandestinos, sometiendo su salud a grandes riesgos, por el miedo que implica quedarse fuera del colegio.

Como si fuera poco, el bienestar de la población está lejos de ser una prioridad para Obiang. Guinea Ecuatorial ocupa el puesto 135 de 188 países en el índice de desarrollo humano de las Naciones Unidas.  Ese bajo desempeño en el desarrollo social y económico se refleja en distintos campos. Uno de ellos es en el acceso a la educación, donde, según UNICEF, en este país se encuentra la séptima proporción más grande de chicos fuera de las escuelas primarias, con un 42%. Para peor, se espera que este porcentaje se incremente a causa de la exclusión de niñas embarazadas de los colegios. Por otro lado, la mitad de la población no cuenta con agua potable, y el 26% de los niños exhiben signos de retroceso de crecimiento y malnutrición.

Lamentablemente, no existe nada que pueda indicar una mejora en los Derechos Humanos de los ecuatoguineanos en el corto plazo. La razón es que al régimen ni le interesa. Únicamente le importa aferrarse en el poder.

 

 
 
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