Artículos
 
China cada vez más cerrada en libertades civiles y políticas
14 de marzo de 2018
El Partido Comunista de China ha decidido abolir los límites constitucionales del área presidencial, despejando así el camino para que el actual presidente Xi Jinping se perpetúe en el poder indefinidamente.
Melina Morales
 

Durante el año 2017, la ofensiva contra los derechos humanos en China no mostró indicios de disiparse. El gobierno lleva a cabo uno de los regímenes más rígidos de censura en el mundo, fortaleciendo el control ideológico sobre la educación y los medios de comunicación.

Un hecho importante a destacar ha sido la muerte del ganador del Premio Nobel de la Paz, Liu Xiaobo, en un hospital bajo estricta vigilancia, lo que demostró el fuerte desprecio del gobierno chino por los derechos humanos. Durante su hospitalización, las autoridades se rehusaron a proveerle tratamiento fuera del país sabiendo que padecía cáncer. Desde la muerte de Xiaobo, el gobierno hostigó y detuvo a un grupo de simpatizantes que conmemoraban su muerte.       

Asimismo, el futuro de los derechos humanos se ha vuelto aún más oscuro ya que el Partido Comunista de China ha decidido abolir los límites constitucionales del área presidencial, despejando así el camino para que el actual presidente Xi Jinping se perpetúe en el poder indefinidamente. A sus 64 años, el presidente chino con mayor poder desde hace al menos un cuarto de siglo, podrá mantener las riendas del poder más allá del término previsto, el cual era en 2023, año en el que deberían celebrarse elecciones. Los casi 3.000 delegados de la Asamblea Nacional Popular (ANP) aprobaron sin dificultad la medida como parte de un paquete de reformas constitucionales por 2.958 votos a favor, 2 en contra y 3 abstenciones. Los mandatos presidenciales anteriormente se encontraban limitados a cinco años con posibilidad de reelección.

El proyecto de ley impactó fuertemente en la opinión pública, pero los censores se encargaron de eliminar las críticas que circularon durante un tiempo en las redes sociales. Incluso antes de la votación se esperaba que la iniciativa obtuviese la mayoría necesaria de dos tercios. “La APN nunca ha votado contra nada” subrayaba el especialista en China, Jean Pierre Cabestan. La enmienda introduce también en el artículo primero de la Constitución “El pensamiento Xi Jinping” y el “rol dirigente” del Partido Comunista Chino (PCC).  

Libertad de expresión

Las autoridades adoptaron nuevas medidas para limitar el acceso a las herramientas de elusión que permiten a los internautas el acceso a Internet global sin censura como VPNs o redes privadas virtuales que protegen la privacidad del usuario resguardando las actividades de navegación de los proveedores de servicios o la vigilancia estatal.

Una gran cantidad de páginas web y redes sociales continúan bloqueadas, entre ellas Facebook, Twitter e Instagram.

En marzo de 2017 las autoridades de Chongqing hicieron pública una regulación que prohíbe el uso no autorizado de herramientas de evasión de Internet en la ciudad. Quienes lo hagan, se les ordenará desconectarse y recibirán una advertencia.

El gobierno llamó a las compañías de Internet a “promover activamente los valores centrales socialistas” luego de cerrar docenas de noticias de entretenimiento y cuentas de redes sociales de celebridades.    

Por otra parte, durante el mes de agosto de 2017, la Administración del Ciberespacio de China inició una investigación acerca de los proveedores de servicios de internet como WeChat (aplicación muy utilizada en China), Sina Weibo y Tieba de Baidu porque sus plataformas contenían cuentas de usuarios que difundían información que “ponían en peligro la seguridad nacional y el orden social”, como violencia y terror, información falsa, etc.

Además la policía detuvo a Zhen Jianghua en Zhuhai, un activista y fundador del sitio web “Across The Great Firewall” que enseña a las personas a evitar la censura de Internet. El sitio también condena la continua persecución del gobierno chino contra periodistas ciudadanos. 

Mientras tanto, las autoridades también irrumpieron en el ámbito académico, donde ahora las escuelas promueven obstinadamente la figura del presidente chino como “líder central”. La Universidad Sun Yat-sen de Guangzhou prohibió al personal criticar al Partido Comunista. El cuerpo disciplinario del mencionado partido emitió un informe acusando a 14 universidades de infracciones ideológicas y varios profesores fueron despedidos por hablar críticamente del gobierno en redes sociales.

En agosto, Cambridge University admitió que había bloqueado el acceso en China a más de 300 artículos publicados en su revista China Quarterly, siguiendo así las órdenes del gobierno chino. La reacción internacional contra la decisión obligó a la editorial a restaurar los artículos.

Por su parte, el Ministerio de Educación emitió nuevas ediciones nacionales de libros de texto de artes liberales para la escuela primaria y secundaria, haciendo énfasis en la cultura tradicional y los “valores socialistas centrales”. 

Libertad de Culto

El gobierno restringe la práctica religiosa a cinco religiones oficialmente reconocidas en locales religiosos aprobados. Las autoridades retienen el control de los nombramientos de personal, publicaciones, finanzas y aplicaciones del seminario de los cuerpos religiosos.

El gobierno clasifica a varios grupos religiosos que se encuentran fuera de su control como “cultos malvados” y somete a los miembros al hostigamiento policial, tortura, detención arbitraria y el encarcelamiento. Durante el año pasado se dieron varios episodios, y en uno de ellos la policía de Beijing detuvo a Sun Qian, una empresaria y ciudadana canadiense bajo sospecha de usar cultos para menoscabar el cumplimiento de la ley. Sun es una seguidora de Falun Gong, un grupo espiritual centrado en la meditación, el cual está prohibido en China desde 1999. Los seguidores siguen siendo víctimas de persecución, detenciones y juicios injustos.       

En consecuencia, en junio de 2017 se aprobó la reforma de la Normativa sobre Asuntos Religiosos con el objetivo de “frenar el extremismo” y “resistir la infiltración”. La misma reglamenta un control estatal de gran alcance sobre todos los aspectos de la práctica religiosa con facultades de supervisar, controlar y castigar prácticas religiosas. Esto podría llevar a reprimir aún más el derecho a la libertad de religión, especialmente el de la población budista tibetana, musulmana uigur o seguidora de otros cultos no reconocidos.

China obtuvo una de las peores calificaciones en el Índice Libertad en el Mundo 2018, publicado por Freedom House. Este hecho remarca la  fuerte vulnerabilidad de los derechos humanos y llama a prestar especial atención sobre el gigante asiático.

 
 
Website Security Test