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Cubanos que tienen la palabra
28 de noviembre de 2005
Raúl Rivero
 

En el centro de la isla la policía sabe que cada acción represiva tiene su cronista. Allí están los reporteros de Cubanacán, la agencia independiente que dirige Guillermo Fariñas, omnipresente, objetiva, con la descripción fotográfica de los episodios de violencia que la dictadura diseña para acallar y enmudecer a los grupos de la oposición.

Siempre están ellos, con sus lápices y bolígrafos, sus grabadoras salvadas de requisas y confiscaciones, para salir al mundo con la información y los detalles de la brutalidad, la intensidad de las golpizas que, con demasiada frecuencia, están destinadas también a los corresponsales.

En aquella región Cubanacán reporta, además, cada reunión, comunicado, empeño o trabajo que realicen quienes quieren producir, por la vía pacífica, un cambio radical en la sociedad cubana, atascada en los canarreos de 47 primaveras negras.

Hay hombres y mujeres como estos en todo el país. Por muy remota y mínima que parezca una comarca, siempre hay un representante de la prensa libre que hace llegar la nota a un destino que la comparte con quienes respiran en democracia y quieren saber la verdad de la vida en Cuba.

La ira de un dictador y los campanazos de su tropa bovina no pueden silenciar a una nación entera. Tiene en la cárcel, enfermos y con largas condenas, a 25 periodistas, a centenares en el exilio, pero su gesto zoológico no ha podido impedir que las noticias que las alondras de la propaganda oficial ocultan, enmascaran y disimulan lleguen a los ojos de los lectores del mundo.

Pero no hay que escribir sólo de los reporteros. Hay un sitio especial para los artículos de opinión, las crónicas y los comentarios sobre las alternativas del día a día y acerca de la errática, ruinosa y despiadada política económica. A la agudeza de los cronistas independientes no escapan los vaivenes de unas escandalosas relaciones internacionales que pretenden, ahora por un poco de petróleo, ponerle una boina roja a cada ciudadano y convertir a Cuba en otra isla Margarita.

Esa nómina tiene nombres que se reconocen en los medios periodísticos y se les distingue por la voluntad de escribir con honradez y claridad a sólo unos pasos de los calabozos. Se les admira y se les respeta porque en esas circunstancias de asfixia y persecución no han perdido su lucidez ni su objetividad, porque saben que en aquel país no hay que decir una sola mentira para mostrar la cara deforme y espantosa de la realidad.

Son periodistas como Oscar Espinosa Chepe, Jorge Olivera, Luis Cino, Miriam Leiva, Iván García, Ana Leonor Díaz, Víctor Domínguez y aun Ricardo González, desde la celda del Combinado del Este donde esta preso y enfermo.

Son muchos, desde diferentes registros profesionales, pero con un único principio ético que distingue al verdadero periodismo de la propaganda y la escatología: escribir la verdad sin un mandato y sin defender una fantasía política personal, ni unas monedas ajenas y prometidas.

Allí están, en el país apresado por la banda que lo tomó hace 47 años, libres en las calles y en sus almohadas, perseguidos, pero con todas las palabras de la lengua castellana a su alcance para contar lo que pasa y decir lo que opinan.

El periodismo independiente no es una obsesión. Es una realidad que tocamos todos los días y una realidad que sobresalta y desnuda a los verdugos.

Este artículo fue originalmente publicado en EL NUEVO HERALD:
http://www.miami.com/mld/elnuevo/news/opinion/13264443.htm