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Fidel Castro, el opositor a sí mismo
5 de diciembre de 2005
Ricardo López Göttig
@lopezgottig
 

Un ingenuo supondría que quienes se proclaman de izquierda en Argentina y el resto de Iberoamérica, son lectores permanentes del diario Granma, la prensa oficial de la Cuba de Fidel Castro, para inspirarse cotidianamente en las supuestas conquistas del régimen comunista. Sin embargo, de la lectura de ese periódico surge claramente que el principal opositor es el mismísimo presidente, Fidel Castro, y no por un sano espíritu de autocrítica, sino por sus evidentes contradicciones.

En un reciente reportaje al comandante Castro en ese diario, del 24 de noviembre, hizo una enfática defensa del duro aumento de tarifas aplicado a los consumidores cubanos, sin que estos hubiesen tenido la oportunidad de manifestarse a través de asociaciones de usuarios, de diversas ONG, del parlamento y de la prensa, tal como ocurre en todas las democracias liberales. Su objetivo es desestimular el consumo y fomentar el ahorro, aduciendo que "Este país ha estado lleno de locuras burocráticas, de despilfarros como sucedió en los años en que recibíamos de la URSS 14 millones de toneladas anuales de petróleo". Que Cuba padece locuras burocráticas no es una novedad, pero sí que lo admita con tanto desparpajo el propio líder todopoderoso del régimen, cuya dictadura comenzó en 1959.

A tal punto la austeridad se ha convertido en una cuestión vital para la supervivencia del socialismo en la isla, que el presidente del Banco Central de Cuba, Francisco Soberón Valdés, ha lanzado la consigna ¡Ahorro o muerte!, a la par que aplaude "la exitosa implementación de la política orientada por el compañero Fidel de cumplir rigurosamente con las obligaciones derivadas de los nuevos compromisos financieros externos y las deudas renegociadas" (Granma, 28/11/2005).

El mismo diario que critica el bloqueo económico de los Estados Unidos, en sus mismas páginas celebra el acuerdo comercial rubricado con el gobernador de Nebraska, Dave Heineman y 25 empresarios estadounidenses, para importar trigo, soja y frijoles, por un valor estimado en 27.000 millones de dólares en cinco años, y remarca que el 29% de su comercio exterior es con Europa y el 49% con sus vecinos de América latina (Granma, 2/11/2005).

Karl Marx sostenía que el capitalismo de mediados del siglo XIX estaba revolucionando la economía y la sociedad, una transformación incomparable con toda la historia anterior de la humanidad. Su predicción era que el socialismo, siendo la dictadura del proletariado y con el control total de los medios de producción, iba a generar aún mayor producción que el capitalismo, que habría de crear un nivel de vida tan alto, que luego sobrevendría el comunismo, un auténtico paraíso en la tierra por su abundancia idílica. Pero cuando se observa el fracaso del socialismo real en el desaparecido bloque soviético, en China y sus respectivos satélites, es sorprendente que todavía se insista en este sistema que asesinó, dilapidó y empobreció. Las predicciones de Marx han quedado arrumbadas en el baúl de las fantasías y sus últimos seguidores, atrincherados en una ínsula del Caribe, sólo conciben apelar al ajuste, al tarifazo, a la economía de mera subsistencia y a la mentira y opresión sistemáticas. Para que la izquierda latinoamericana comprenda este desastre, sólo cabe recomendarle: ¡Marxistas del mundo, lean Granma!

Ricardo López Göttig es Profesor en ESEADE e investigador de CADAL.