Artículos
 
Rituales de un gabinete de sumisos
5 de diciembre de 2005
Sylvina Walger
 

Luego de una detallada lectura sobre los pormenores del acto en el que juraron los nuevos ministros, surge el interrogante: ¿existe alguien en el mundo además de Hugo Chávez, el venezolano rey del bolero, que pueda tomarse a la Argentina en serio? No porque el país no lo sea, sino por el empecinado y anticuado estilo que el gobierno imprime a sus decisiones y que asustan a más de una señora que ignora la caída del Muro de Berlín.

A favor de Kirchner puede alegarse que debe de haber sido el único mandatario que logró juntar en un acto de gobierno voces tan disímiles como las de los empresarios, sindicalistas, organismos de derechos humanos, militares, Daniel Hadad, montoneros reciclados ("Perón o heridas leves") y otros no tanto. Tampoco faltaron los insistentes piqueteros empeñados -según consignó este mismo diario- en asegurar que a "la patria la vamos a liberar". ¿Liberar de qué o de quién? ¿De Alfredo Coto, de Rodrigo Rato o de Julio de Vido? En mi caso la incógnita persiste aún.

De quien seguro se liberaron es de Roberto Lavagna, uno de los pocos nativos respetados en el exterior. Compadecidos por el loquero que le había tocado habilitar, prestigiosos medios extranjeros, cada vez que se referían al ex ministro, lo hacían en términos piadosos del tipo "ese pobre académico" al que le ha tocado bailar con la más fea. Es posible que el ex ministro haya cometido errores pero de ninguna manera se justifica que el diario más oficialista titule su partida -en tipografía catástrofe- con la palabra "Eyectado".

La jura del nuevo gabinete reprodujo, en escala farsesca, un mini 25 de mayo camporista. El escritor mexicano Carlos Monsiváis sostiene que en los imaginarios nacionales (latinoamericanos, claro) "el melodrama es el espacio histórico donde los sentimientos se desprenden de escenas de la entrega o de la traición, de las expresiones que al repetirse se vuelven dogmas, de la sucesión de rasgos felices o convulsos, de los sentimientos que se elevan como plegarias", de donde se puede concluir la inutilidad de tratar de imponer la racional idea de la democracia.

A falta de enemigos serios, Lavagna concentró ese día todo el imaginario de entregas y traiciones, dejó de ser él mismo y fue abucheado como si de Alejandro Agustín Lanusse se tratara. "Lo echamos a Lavagna y a Duhalde también, ya llegamos compañeros al poder", seguido del inevitable, y paleolítico, "patria sí, colonia no" (que aggiornado podría sonar "trabajo sí, plan jefes no).

Mientras Menem hubiera llenado el salón con personajes que oscilaban entre Arlt y el Rico Tipo, de esos que nunca se sabe con qué te van a salir, Kirchner necesita de una tropa disciplinada que, independientemente de su prontuario, haga solamente lo que él quiere. Valga esto para quitar los temores de un gabinete al que ha sido dado llamar de izquierda y al que sería más apropiado denominar de "sumisos" que tienen sus rituales, sus nostalgias y aman el pasado. Que se sepa hasta ahora no han sido mencionadas las palabras "expropiación" o "colectivización". Tampoco ha sido insinuado instaurar el concepto de "navidades bolivarianas". Novedosa forma de recibir a Jesús inaugurada en Venezuela (lo que no incomodará a la chavista Nilda Garré que sólo juró por la patria) que, entre otras muchísimas menudencias, no sólo prohíbe que a Papá Noel se le ponga nieve (razón no les falta), sino que obliga a todos los empleados estatales, que no son pocos, a pasarla juntos, cosa de ir aprendiendo a "transformar la cultura individualista y parcelada en la de la solidaridad e integración". Como se cuenta, aquí no se consuela el que no quiere.
 

Fuente: Diario La Nación, Buenos Aires

http://www.lanacion.com.ar/edicionimpresa/suplementos/enfoques/nota.asp?nota_id=761833