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Subordinación y Valor
5 de diciembre de 2005
Carlos Fara
@carlosfara
 

Los 4 nuevos integrantes del gabinete no tienen poder territorial ni proyección política propia (imagen en la opinión pública), por lo tanto no estarán pensando demasiado en su propio lucimiento de cara al 2007, sino que trabajarán para el jefe a tiempo completo. Salvo el caso de Taiana, en los otros tres casos están por debajo del prestigio de sus antecesores, dándole la razón a aquellos que siempre dijeron que el mejor gabinete de Kirchner iba a ser el primero, y que desde este recambio en adelante se buscaría a disciplinados que no tengan vuelo político ajeno al que pueda derivarles el presidente. Los prestigios intelectuales superlativos y autónomos –Bielsa, Lavagna, Rosatti, Béliz- parecen ir al ocaso.

Se ha especulado en estos días con si esto es la Alianza II, con un Frepaso reciclado. Más que una nueva Alianza, esto es el regreso al peronismo de hijos pródigos. La base de este gobierno fue, es y seguirá siendo el justicialismo, tal como lo fue en la década de Menem. La inserción de dirigentes de centro izquierda con poca o nula inserción en la mayoría social no es lo que caracteriza realmente el perfil de esta administración, sino dónde están inscriptos sus gobernadores, sus intendentes y sus legisladores. La política argentina perdurable sigue siendo fundamentalmente territorial.

Más allá de los talentos personales, no se podría decir que las figuras incorporadas le aportan poder a Kirchner, ya que ninguno representa más que señales a la opinión pública progresista de clase media y media alta, que supo captar en las pasadas elecciones, sobre todo en la provincia de Buenos Aires.

Pero, a no equivocarse: esos sectores comenzarán a desentenderse si la economía se frena, o la inflación amenaza sus bolsillos. La soldadura ideológica no funciona por sí sola, sino en un contexto de ánimo positivo. Lo simbólico tiene sus límites.

Con todo, el poder que posee hoy Kirchner es sólido. Ha logrado pararse en las dos patas necesarias: la opinión pública y las estructuras políticas que en su gran mayoría le responden. Apostó a hincarse en la primera, para finalmente quedarse con la segunda. Esta conformación le permitirá afrontar los eventuales problemas que se vayan presentando en esta segunda parte.

El presidente tiene debilidades de agenda y gestión, pero no corre los mismos riesgos de De la Rúa. Aquella Alianza estaba dividida en su base estructural, con un radicalismo predominando en el territorio y un Frepaso en las encuestas. Aquí los dos brazos son manejados por el mismo cuerpo.